Más de una cuarta parte de los lobos finos de Guadalupe en el archipiélago de San Benito, en Baja California, presentan alopecia, una condición que ha encendido las alertas entre investigadores, ya que podría ser una señal del deterioro ambiental en el ecosistema marino.
Durante monitoreos realizados en 2024, cuyos resultados fueron publicados en la revista Frontiers in Marine Science, los especialistas documentaron la pérdida de pelo en 53 de 208 individuos evaluados, equivalente a 25.5 por ciento de la población observada. Un análisis fotográfico determinó que los jóvenes o con peor condición física o nutricional tenían más probabilidad de presentar esta afección.
Priscilla Casandra Gutiérrez, investigadora del Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y líder del estudio, explicó que este hallazgo es relevante, ya que podría reflejar alteraciones más amplias en el ecosistema marino.
Este mamífero marino tiene un pelaje formado por dos capas distintas: el pelo primario, que se caracteriza por hebras largas, gruesas y brillantes, que da al animal su característico color pardo, y el secundario, una capa densa de pelo fino y lanoso, la cual evita que el agua tenga contacto con su piel.
El pelo que se les cae es el primario, por eso cuando observamos las fotografías de lobos alopécicos se ven blancos, porque hay exposición del pelo secundario. Esta capa externa es el protector solar de los lobos, debido a que capta los rayos UV; al perder esta cubierta, pierden esa protección.
El lobo fino de Guadalupe es una especie endémica de México. Su principal colonia reproductiva se localiza en Isla Guadalupe, mientras en el archipiélago de San Benito habita una colonia integrada principalmente por ejemplares jóvenes. Se alimenta de calamares y pasa gran parte de su vida en mar abierto.
Por ahora, los científicos no tienen una respuesta definitiva sobre las causas de la alopecia en esta especie. Casandra Gutiérrez consideró que podrían estar involucrados múltiples factores: el calentamiento de los océanos, la contaminación de los mares o problemas nutricionales.
Las pruebas realizadas al pelaje y a muestras de sangre de los individuos afectados descartaron que esta afección estuviera asociada con un proceso infeccioso causado por hongos, bacterias o parásitos.
Tras documentar la magnitud del problema y los grupos más afectados, el siguiente paso será identificar las posibles causas. La alopecia en mamíferos marinos tiene antecedentes en el oso polar, la foca gris y el elefante marino del norte, pero el peor de todos es este caso, porque ocurre en individuos desde los tres meses hasta en adultos machos y hembras.
En los próximos meses una estudiante analizará la presencia de posibles contaminantes en el agua, con la finalidad de identificar algunos que puedan tener efectos en su sistema endocrino. En el mar hay materiales orgánicos persistentes, metales pesados que tienen la capacidad de afectar la hormona tiroides.
La científica hizo un llamado a la comunidad de los médicos veterinarios, biólogos, ecólogos a involucrarse en esta línea de investigación. Necesitamos fortalecer la medicina de la conservación, el estudio de enfermedades emergentes y de la mortalidad en mamíferos marinos porque son muy pocos los trabajos que se han hecho.
Está muy bien crear áreas naturales protegidas y expandirlas, pero hay que asegurarse de que la calidad de estas áreas sea la adecuada.