Es un circo sin intermedios y, a veces, hay tantos actos simultáneos que uno ni sabe en cuál fijarse. Caen bombas, se anuncian nuevas sanciones contra pueblos enteros, se enjaulan a más niños, se anulan derechos civiles, se limita cada vez más la libertad de expresión, se amenaza públicamente a opositores y disidentes y… hay una carrera de autos en la capital del país. Ese es el resumen del circo de ésta y tantas otras semanas. El show continúa con consecuencias cada vez más graves dentro y fuera del país. En el exterior: el estrecho de Ormuz fue declarado “territorio estadounidense” por el mandatario. Se continuó acusando a Cuba de ser el país más peligroso, no por el poderío de su armas, sino por el de sus ideas e ideales que al parecer convencen a demasiados estadounidenses inocentes. Se anuncian operativos militares conjuntos dentro de países latinoamericanos contra los que “envenenan” a estadounidenses, otra vez aparentemente inocentes, con drogas. Y se siguen imponiendo sanciones contra casi todos, desde pueblos enteros a la Corte Penal Internacional. Pero tal vez la noticia más importante de la semana fue el retiro de Canadá de la negociación comercial con Washington, con el primer ministro declarando: “advertí que Estados Unidos está intentando rompernos para poder adueñarse de nosotros. Y prometí que esto nunca, jamás, ocurrirá. Estamos cumpliendo con esa promesa”. En el interior: el Ejecutivo amenazó con demandar penalmente a un centro de análisis político por emitir un informe que concluía que el despliegue de la Guardia Nacional no tuvo efecto sobre el crimen, como afirmaba la Casa Blanca. En Nevada, solo se logró identificar a 185 votantes potencialmente no ciudadanos y no los casi 16 mil que la Casa Blanca había denunciado. Disidentes que antes eran trumpistas fueron calificados nuevamente por el presidente como “perdedores” con “bajo coeficiente intelectual”. Harvard y otras universidades continúan siendo castigadas por el gobierno federal acusadas de permitir el antisemitismo, es decir, las críticas a Israel. La cadena nacional de televisión ABC se defiende de la amenaza de la Casa Blanca de anular su licencia para transmitir, mientras el director y el editor en jefe de la revista para las fuerzas armadas Stars & Stripes fueron despedidos por el Pentágono por atreverse a publicar notas sobre las condiciones deterioradas y problemas de salud mental de 5 mil marineros en el portaaviones Lincoln, desplegado durante nueve meses como parte de la guerra contra Irán. Todas las semanas se documentan las condiciones insalubres y crueles dentro de los centros de detención para inmigrantes. En Texas, Liam, un niño de 5 años que caminaba para ir a jugar fútbol y que estaba por ingresar al jardín de infantes, fue detenido por el ICE y ahora está en una de esas instalaciones carcelarias. Supremacistas blancos marcharon en Michigan con consignas antimusulmanas y pancartas por “la deportación de 100 millones” de este país. En Washington, la nueva era macartista ahora alerta sobre la mayor amenaza interna al país: el comunismo, y hasta se intenta fusionar dos “enemigos” en uno: “los islamo-comunistas”. Este fin de semana, autos de carrera compitieron en una pista en el centro de Washington, otro espectáculo “patriótico” más que, al igual que el de artes marciales mixtas (literalmente el equivalente a un circo de gladiadores) en los jardines de la Casa Blanca hace unas semanas, se realizó como acto oficial –y como siempre, negocio– para festejar el 250 aniversario de Estados Unidos. Mientras proceden los espectáculos y la grandilocuencia tan increíblemente mediocre que prevalece en Washington, expertos advierten de preparativos y movimientos oficiales para manipular y hasta anular las próximas elecciones de mitad de período en noviembre que, según los pronósticos, serán adversas al partido en el poder. El circo, con sus actos incesantes, sus maromas de engaño y amenaza y sus payasadas, continuará hasta que el público –dentro y fuera del país– decida no participar más en este show.