Pagar con tarjeta en un restaurante o en un establecimiento comercial es una operación cotidiana. El cliente revisa el monto en la terminal, introduce o acerca su plástico, ingresa el NIP —cuando corresponde—, espera que la transacción se complete y se retira del lugar. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el importe en la pantalla no coincide con el del estado de cuenta? La pantalla mostró el importe que el cliente reconoce haber pagado, pero en realidad se procesó otra cantidad durante la transacción. Según Iván Díaz González, perito informático y especialista en ciberseguridad, se trata de uno de los fraudes más sofisticados con el uso de terminales puntos de venta. Las personas que llevan a cabo la programación pueden realizar modificaciones en la estructura de la terminal para mostrar un número mientras se está ejecutando otro, explica el especialista. De esta forma, la discrepancia puede pasar totalmente desapercibida y advertirse cuando la víctima consulta sus movimientos bancarios. ¿Cómo manipulan una terminal de cobro? Las terminales son dispositivos informáticos que utilizan programas para procesar las operaciones. De acuerdo con Díaz González, existen diferentes formas de aprovechar su configuración para realizar cobros fraudulentos. Una de ellas consiste en utilizar funciones relacionadas con las propinas o cargos adicionales. En determinados sistemas, la configuración puede hacer que el importe principal aparezca en pantalla, sin que el cliente identifique que exista una cantidad adicional. Otra modalidad consiste modificar la programación para que el monto visible sea diferente al que procesa el sistema. Según el especialista, esto puede ocurrir incluso con terminales bancarias legítimas. El tercer esquema involucra dispositivos o sistemas modificados que utilizan software de pagos de terceros. Para verificarse cuál fue, es necesario analizar el registro de transacciones y la información técnica de la terminal. Según David González, investigador de seguridad informática de ESET, el skimming consiste en copiar los datos de las tarjetas bancarias a través de un dispositivo conocido como "skimmer", que suele colocarse en cajeros automáticos y terminales de pago. El procedimiento consiste en que la víctima utilice su tarjeta en un dispositivo de apariencia legítima, pero que fue modificada con un skimmer. Mientras realiza la operación, el componente puede recopilar determinados datos transmitidos durante la transacción. Principalmente lo que se roba es el número de la tarjeta, la fecha de vencimiento y la información que contiene literalmente este chip, como banda magnética, dijo el especialista de ESET. El NIP también puede quedar expuesto, aunque esto no ocurre automáticamente con todos los dispositivos. El delincuente podría observar cuando el usuario introduce su clave o, en ciertos casos, utilizar un software capaz de registrar las pulsaciones. De acuerdo con la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), este tipo de fraude forma parte de las prácticas más comunes de clonación de tarjetas en México, lo que permite a terceros realizar operaciones no autorizadas. Por esta razón, no basta con verificar el monto que aparece en la pantalla de la terminal. También es importante revisar que el dispositivo no parezca alterado y evitar perder de vista la tarjeta durante el cobro. Supervisar los movimientos bancarios. Mantener activas las notificaciones de las tarjetas y, al realizar una transacción, comprobar que correspondan al cargo. Si se detecta uno desconocido, reportarlo a la institución financiera. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2026 del Inegi, de los 8.1 millones de fraudes que ocurrieron en México el año pasado, 4.6 millones fueron bancarios y 3.6 millones al consumidor. El contacto presencial concentra 13.3 por ciento. Los fraudes en tarjeta o cuentas bancarias acumularon 49.5% de los fraudes, con más de 4.05 millones de eventos estimados, mientras que la clonación de tarjeta concentró 11.4%, con 931,196 eventos. De acuerdo con los hallazgos del Inegi, la mayoría de los fraudes ocurrieron durante las horas de actividad cotidianas, 49.9% en la tarde (entre las 12:01 a las 18:00 horas), y los principales afectados fueron los jóvenes de 20 a 29 años, con una tasa de 8,298 víctimas por cada 100,000 habitantes.