Perú no puede salvarse del clivaje político que lo acompaña, la profunda herida entre el fujimorismo y el anti-fujimorismo, al que se suma una confrontación con el bloque de izquierda radical, una brecha que divide a la sociedad y la fractura en identidades, intereses y valores antagónicos y dispares. Esta fractura que atraviesa todo y a todos en Perú también se sustenta en la veta geográfica y territorial que separa al Perú de la costa, el más desarrollado, industrializado y vinculado al mercado interfrente al Perú andino, rural e indígena y del que poco se ha beneficiado del crecimiento económico. Esta complejidad marca los votos, las emociones y el rumbo de la nación.