Se espera que más de 5 millones de aficionados asistan a la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026, que se celebrará este verano en 16 sedes de Estados Unidos, Canadá y México. Existe una creciente preocupación por el aumento de la vigilancia invasiva, justificada por la administración Trump bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) podría intensificar sus operaciones, mientras que Human Rights Watch ha solicitado una "tregua del ICE" durante el evento. Organizaciones como la ACLU han emitido advertencias de viaje, alertando sobre la "mayor vigilancia" que enfrentarán los extranjeros. La lista de tecnologías de vigilancia incluye sistemas de drones y anti-drones, con contratos multimillonarios para empresas como Fortem Technologies y Sentrycs. El Departamento de Seguridad Nacional ha anunciado una nueva oficina y una inversión significativa en tecnologías de drones y anti-drones. La Agencia Federal para la Gestión de Emergencias también ha concedido fondos considerables a los estados anfitriones. Existe preocupación por la interceptación de datos telefónicos y la transparencia en la gestión de esta información. El Departamento de Seguridad Nacional asegura que se desplegarán recursos federales para garantizar la seguridad. La vigilancia basada en inteligencia artificial (IA) también será protagonista, con sistemas de reconocimiento facial en estadios y el despliegue de perros robot con IA. El reconocimiento facial se normaliza en eventos deportivos, con un uso extensivo en el Mundial de 2022 en Catar. La transparencia sobre el uso de estas tecnologías varía, y preocupa la posibilidad de errores en los sistemas de reconocimiento facial. Se implementarán plataformas de inteligencia en tiempo real y centros de mando inteligente para supervisar multitudes y gestionar operaciones. En México y Canadá, también se observan medidas de vigilancia, como centros de mando policial, cámaras corporales y de vigilancia, y perros robot de seguridad. La Copa Mundial 2026 sigue un patrón de eventos deportivos fuertemente militarizados que benefician a contratistas de defensa. Hay poca información sobre contratos de seguridad específicos, pero se sugiere que grandes contratistas de defensa podrían estar involucrados. Las empresas de defensa utilizan los grandes eventos deportivos como escaparate para normalizar tecnologías de vigilancia probadas en el campo de batalla. La principal preocupación reside en la permanencia de estas medidas de seguridad supuestamente temporales, que podrían ser utilizadas en el futuro para suprimir libertades civiles y derechos humanos.

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